surya lecona
Helo ahí, ahogado en su silencio,
Hela aquí sumergida en el bullicio
Helos los dos en la distancia, acatando los límites
Helos llorando un encuentro, una caricia, helos helados de amor.
Helo, hela, helos, hete, heme, hemos aquí, escudriñando un inasequible camino en busca del sol.
Y es que el tiempo boligoma no tiene perdón. Uno y su terquedad que sólo el tiempo ablanda.
Agustín tiene personalidad, tiene agallas, tiene las justas palabras para conmover, para convencer, para persuadir. Si osas enamorarte de él no tendrás perdón del universo, de las entrañas que vienen a morderte la razón. Se esfuma la razón.
Extrañar es un acto muy complejo, extrañar se puede solazar, se puede conmover y fácilmente distraer un fractal de tiempo. Pero siempre vuelve, y vuelve y vuelve. Uno puede educar las emociones y dejarlas salir tantito cuando es necesaria una poca de poesía.
Papá está enfermo, papá llora sangre y se suena sangre. Papá da miedo, todos tememos no haberle dado el abrazo, no haberle dado el te amo. Pero papá no puede irse, es joven, tiene planes, tiene a mamá. Y tiene un viaje en puerta. Sus hijos, ingratos se van. Mi hermano al mundo árabe y yo al suicida.
Sinaloa no deja de guiñarme un ojo.
Papá llueve sangre algunos días, estará enfermo de una rareza, algo en su corazón duele, porque la sangre no sale nomás porque sí. Debe ser algo muy profundo, algo que aniquila. Ni siquiera me atrevo a saberlo.
Papá está. Papá vive. Papá ríe, me gusta hacerlo reír, ríe con ternura, se sacude los años y ríe cerrando los ojos, su risa es su mejor versión de él mismo. Las travesuras vienen a robarle los años y vuelve a tener 15. Una fractura de pié le dejo una broma de un petardo, quiso espantar a su sobrina, pero cuando su pié estaba tratando desesperadamente de apagar la mecha del cohete en la habitación, ¡pum! voló el papel periódico con que estaba fabricado, envolviendo la pólvora. Y papá en el piso, fracturado y conmovido. Todos reímos, él se lamentó.
Papá es héroe, el mío, es respetuoso. Es sosegado y calmo. La antítesis de mamá. Papá siempre tan lacónico y templado, mamá siempre tan jaranera, alegre. Nosotros, sus hijos, tan ingratos hemos. Henos aquí nomás sin más.