miércoles, 13 de mayo de 2015

La nausea perpetua

surya lecona M

Nunca había sentido náuseas.
Confieso que esto será algo asqueroso. Pero es nuevo para mi:

Ahí viene la realidad como estampida y trae de corbata las yeguas del amor.
Vivir en la infancia, vivir en la mente del infante, en los pies del infante, en la ilusión del infante, donde jamás vienen tormentas a caer sobre las costas y sobre los sueños.

Viene "delusion" y su eufemismo el clarín de "dios", un molesto agudo que se postra a los pies del soberano, la soberbia, la riqueza y el incongruente desencanto.

No pensar, es lo que debemos
No pensar, es lo que nos queda
No dar vueltas en los mismos senderos
Y llenar de rutinas ajenas, la nuestra. Tomarlas prestadas y hurgar, manosear y esculcar en las otras muchas vidas.

¿Cómo hace uno para evitar la nausea?
El vacío es perpetuo cuando se devela la locura. Disculpe usted anciana vida, voy a tomar prestada su rutina, a secar mi hastío en sus barbas y desesperar en los campos en los que usted claudicó algún día. Voy a velar sus últimos días.
Voy a embriagarme en tu verano y a aborrecer tus soles cuando venga la resaca, voy a cogerte de los pelos cuando el coraje me de su veneno y hacerte el amor con hipocresía y desconsuelo, voy a mimarte y luego a matarte mil veces.

Y si la nausea vuelve, jamás me daré por vencida. No le entregaré ni mis llantos ni mis tripas. No vendrá a burlarse del escueto tiempo que me dejó a solas en los apandos del cielo.  No verá el sol en mis entrañas ni la luna del deseo. Me verá triunfante arrancándole el orgullo, aunque me desnude la memoria.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Semerendo


surya lecona

Suena como a semen, pero también a tremendo. Pero ¿qué quiere decir realmente? No es una palabra bella, tampoco fea, quizá extraña. Hablar de los demasiados, de los extensos, los muchos, los excesos, los más allás, no tiene ningún límite, ningún dique anclado a ninguna verdad, es sólo dejar volar la hilacha libremente hacia el infinito.

Los miedos por ejemplo: ¿Cómo se distingue el miedo, el pavor y la fobia? Hay niveles, en todo hay niveles. Las sensaciones tienen niveles. Incluso cuando se está enamorado. El enamorado no dice "te amo" en las primeras citas. Por lo menos, no el enamorado de antes,  el que lo valora con seriedad, pues para él tiene un significado de "quiero pasar el resto de mi vida contigo" o "te entrego mi amor, corazón y atenciones" o "eres el hombre/mujer de mi vida". Estas frases, en un supuesto de que se pudiera traducir en palabras humanas esa onomatopeya del amor. Así de tremendo. No le importa a quien banaliza la frase y le canta a cualquier muñequita coqueta o joven apuesto una o dos docenas de "te amo's" al día. Antes, esta frase estaba exclusivamente dedicada a la persona amada, hoy se anda canturreando a los amigüis, amantes pasajeros, pretendientes y "contactos" de facebook, nótese las comillas. Y es que el contacto en este mundo virtual ya no es físico.

En un pasado nuestros padres y abuelos y quizá hasta mi tatara, tatara, tatara, tatara... etcétera Moctezuma, se brindaban un "te amo" en secreto, en voz bajita, en un momento delicadamente especial y de acento a veces melancólico, taciturno o de éxtasis. Era sobre volar las bardas de toda sensación y más aún de la sensación más hermosa, natural y orgásmica: El amor.

En una madrugada el enamorado se acerca a la ventana de la doncella y dice...
No, no, no. Esos tiempos ya se oxidaron. 
Va de nuez. 
Antes del alba el enamorado envía un whatsaap a su mujer y se lee: "Como todo el mundo, pensé que los vientos que me matarían vendrían del norte: Bajé la guardia. Y resulta que la belleza del Sur es la que derrite mis casquetes polares" (aclaro que entre los amantes existe un jocoso y florido juego local con los hemisferios que sólo ellos entienden). Nuestra mujer imaginaria que posee una historia de amor aburrida, de traumas, des-atenciónes, bla, bla, bla, al leer esta frase, con el preludio de muchas más románticas coquetas y "cursis" que ambos intercambian, cae en un espasmo, no puede más. La sensación en su piel es de una corriente eléctrica que la obliga a levantarse, caminar, cerrar los ojos, gritarle a un cojín, sostenerse de la esquina de algún mueble y así no caer del mareo, un mareo de ideas en batalla y nuevamente se sienta y dice "pidos", pide una pausa, un respiro, respira, y antes de largarse suelta un "te amo" con una sublime corazonada. No es justo que nuestra mujer imaginaria dejara así en ascuas a su amante. Pero quizá él entenderá, como ella no entendió, la sensación tan desconocida que tuvo. Jamás sintió antes algo parecido. Y es que ahí el asombro también tiene un juego precioso. Pues uno reconoce sensaciones, pero en el amor cuando uno dice "te amo" reconoce que está en el punto máximo, y si no así, sí en un cenit. En una cima muy transparente y sensible, desnudo, entregado al amor. ¿Qué pasa cuando llega un amor más fuerte, más intenso, uno que no ame lastimando sino adorando, respetando? Los parámetros, los paradigmas cambian, nos asombramos, se nos mueve el universo. Y un algo etéreo, dentro del cuerpo físico, estalla.


Los miedos entonces, tienen sus des-niveles: El pavor se siente con mayor vehemencia que el miedo a secas, pero sin ninguna compensación una fobia pudiera estar en el eslabón mayor. ¿Cómo medir el miedo que siente alguien comparado con el miedo de otro alguien? Y si el que tiene fobia es superado, habrá que poner un nombre más espeluznante a la siguiente definición del vencedor. Es así que cada uno, cada quién y cada cuál, tenemos nuestros propios niveles. Este mismo amante imaginario le dice a ella: Ganaríamos el premio "Nobél" de latidos que se escuchan y se apapachan, se arrunchan... y ella sin más, vuelve a estallar. 

La sensación de una fobia es distinta a la de un "te amo" explosivo, uno se dirige a la adrenalina y otro hacia el placer. Físicamente una serie de reacciones que provoca el ensueño inyectan al cuerpo dopamina, oxitocina, serotonina, norepinefrina y otros que también terminan en "ina" y  el miedo dispara la adrenalina. En traducción para nosotros, pacientes y víctimas, en ambos casos por alguna milésima de segundo o por varios minutos, o incluso horas uno se siente con tanto amor que muriera en el instante o con tanto miedo que ruega el fin del martirio para calmar ese verdugo. Ambos desean la muerte. 

Seguramente Julio Cortazar terminaría definiendo esta semerenda variedad en la intensidad de sensaciones como un cronopio. Las sensaciones son tan cercanas y tan ajenas que nos la vivimos admirándolas como las tortugas a la velocidad.



domingo, 14 de julio de 2013

...Delusion remembering, awaking delusion...

surya lecona  
Helo ahí, ahogado en su silencio, 
Hela aquí sumergida en el bullicio
Helos los dos en la distancia, acatando los límites
Helos llorando un encuentro, una caricia, helos helados de amor.

Helo, hela, helos, hete, heme, hemos aquí, escudriñando un inasequible camino en busca del sol.


Y es que el tiempo boligoma no tiene perdón. Uno y su terquedad que sólo el tiempo ablanda.


Agustín tiene personalidad, tiene agallas, tiene las justas palabras para conmover, para convencer, para persuadir. Si osas enamorarte de él no tendrás perdón del universo, de las entrañas que vienen a morderte la razón. Se esfuma la razón.


Extrañar es un acto muy complejo, extrañar se puede solazar, se puede conmover y fácilmente distraer un fractal de tiempo. Pero siempre vuelve, y vuelve y vuelve. Uno puede educar las emociones y dejarlas salir tantito cuando es necesaria una poca de poesía. 


Papá está enfermo, papá llora sangre y se suena sangre. Papá da miedo, todos tememos no haberle dado el abrazo, no haberle dado el te amo. Pero papá no puede irse, es joven, tiene planes, tiene a mamá. Y tiene un viaje en puerta. Sus hijos, ingratos se van. Mi hermano al mundo árabe y yo al suicida.

Sinaloa no deja de guiñarme un ojo.

Papá llueve sangre algunos días, estará enfermo de una rareza, algo en su corazón duele, porque la sangre no sale nomás porque sí. Debe ser algo muy profundo, algo que aniquila. Ni siquiera me atrevo a saberlo. 


Papá está. Papá vive. Papá ríe, me gusta hacerlo reír, ríe con ternura, se sacude los años y ríe cerrando los ojos, su risa es su mejor versión de él mismo. Las travesuras vienen a robarle los años y vuelve a tener 15. Una fractura de pié le dejo una broma de un petardo, quiso espantar a su sobrina, pero cuando su pié estaba tratando desesperadamente de apagar la mecha del cohete en la habitación, ¡pum! voló el papel periódico con que estaba fabricado, envolviendo la pólvora. Y papá en el piso, fracturado y conmovido. Todos reímos, él se lamentó. 


Papá es héroe, el mío, es respetuoso. Es sosegado y calmo. La antítesis de mamá. Papá siempre tan lacónico y templado, mamá siempre tan jaranera, alegre. Nosotros, sus hijos, tan ingratos hemos. Henos aquí nomás sin más.